Visto el éxito obtenido con el post con las explicaciones sobre los fundamentos de la “secta Garaulet” , espero que estos consejos os ayuden a sobrellevarla de la mejor manera posible.
1. Las salidas y los acontecimientos sociales: Tener vida social es necesario, y la segunda vez que uno dice que “no” a una actividad social porque “está a dieta”, empieza a plantearse abandonar la misma. El método Garaulet propone que no digamos que no, que vayamos y lo hagamos lo mejor posible. ¿Como?, pues, sobre todo, y desde luego, no comiendo nada que no nos apetezca realmente o que no “nos merezca la pena las calorías”, pero también, programando las salidas, es decir, si vamos a salir a cenar, comiendo a medio día las raciones que razonablemente tendremos menos oportunidades de comer fuera (lácteos, fruta, verduras) reservando los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas para la salida. Sin embargo, es muy importante que no nos saltemos comidas, ya que si nos saltamos la comida de mediodía, llegaremos con más hambre y ansiedad a la cena, devorando y consumiendo sin placer mucho más de lo que deberíamos.
2. Los aperitivos y copas. Una cerveza tiene 200 calorías. Una copa de vino tiene 50 calorías, “chispa” más, y además queda mucho más “chic” en tu mano que la cerveza que bebes directamente del tercio. ¿Realmente te apetece tanto esa cerveza?. Por supuesto, si no te apetecen mucho ninguna de las dos, una estupenda cocacola light hará que reserves tus calorías opcionales o capricho para la tapa. A la hora de tomar un cubata, lo mismo. Puede que se te haga raro pedirlo con cocacola o fanta light, pero ya tienes bastante con gastar calorías vacías con el alcohol, no tienes ganas de malgastarlas en un refresco que ni siquiera vas a saborear.
3. Las tapas. NO solo de caballitos y marineras vive el hombre, también existen las mar y tierras (alcachofas con anchoas, perfectamente contabilizables como verdura y proteínas, te tocan 4-5 por cada ración de proteínas), una estupenda tapa de zarangollo puede que lleve más grasa que la que tú le echarías, pero siempre será mejor que unos tigres o unos flamenquines, y desde luego, una tapa de jamón o de lomo se contabiliza como proteínas. (Huye como de la peste de las
patatas fritas. Son tus enemigas mortales.
4. Los caprichos. Hay días que necesitamos un donut. O un trozo de chocolate. O incluso un trozo entero de tarta. Pero muchas veces tratamos de enmascararese capricho con otros, de menor cuantía calórica, que en el fondo no nos satisfacen. La cruda realidad es que al final acabamos habiendo consumido más calorías de las quenos hubiera costado nuestro capricho, nerviosos y francamente insatisfechos. Si necesitas un donut y te merece la pena porque un donut es lo que necesitas, cómetelo. A la larga será mejor para ti. Pero no te comas nada que no sea exactamente lo que quieras, no comas calorías extra que no te satisfagan plenamente (y eso es un gran consejo para cualquiera). Eso sí, una vez comido, sin remordimientos. El remordimiento hace que el cuerpo genere cortisol y que almacene mucho más eficientemente lo que se come en forma de grasa, así que, como tantas otras cosas, es nuestro enemigo.
5. Las comidas entre horas o las comidas compulsivas. Si eres de los que tienden a comer entre horas o de forma compulsiva (es decir, sin extraer placer realmente de lo que haces, simplemente porque te tranquiliza de alguna forma), ten siempre preparadas en casa cosas que puedas comer de forma libre (pepinillos, cebolletas en vinagre, espárragos, pimientos de piquillo, zanahoria a trocitos, pepino) o moderada (fruta cortada y pelada, yogures desnatados) y evita que haya nada de lo que te pueda apetecer en un momento de estrés. Si de verdad necesitas ese cuadro de chocolate, tendrás la energía necesaria para ir a la tienda y comprarlo, no te preocupes, pero si lo tienes en casa es mucho más probable que te autoconvenzas de que lo “necesitas”.
Una de las cosas buenas de esta dieta es que no tiene efecto “rebote”. Si un día nos pasamos por lo que sea, no vamos a engordar por eso esa semana. Probablemente, si el resto de los días lo hemos hecho bien, adelgacemos igual, aunque no tanto que si no nos la hubiéramos saltado. Y lo mejor es que probablemente, el habernos saltado la dieta (con cabeza), nos ayude a seguirla el resto de la semana, en parte por el hecho de tratar de enmendarnos, y en parte por la disminución de la ansiedad que supone saber que, en el fondo, no pasa “nada”.
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