El fin de semana pasado estuve en Jumilla y fui a comer a un pequeño bar que nos aconsejaron. Este bar es de los típicos que si no te lo recomiendan no entras ni de broma puesto que es el típico bar de pueblo que no tiene buena pinta, aunque después suelen ser los mejores.

Fachada de Nuestro Bar
Lo mejor de este bar es que tiene una gran variedad de comidas aunque a primera vista no lo parezca. Solo le pondría una pega y es la siguiente, el trato de los camareros es excepcional y muy cercano pero la rapidez en el servicio brilla por su ausencia; tampoco me gusta que me agobien pero para que os hagáis una idea me senté a comer a las 14:30 y termine a las 17:45, o sea, estuve tres horas y cuarto comiendo debido a que la comida iba llegando con cuenta gotas.
Ahora os comento un poco las cosas que pedimos para comer (las cuales estaban increíblemente buenas).
Primero nos pusieron una ensalada bastante clásica pero con unos buenos lomos de atún, unos riquísimos michirones y algo bastante clásico como es un plato de jamón y queso acompañado de pan un pelín tostado y tomate rallado.

Ensalada

Michirones

Jamón, queso, pan y tomate
Tras los entrantes pedimos unas tapas individuales que fueron de lo mejor que tuvo la comida, las tapas fueron unos solomillos de cerdo sobre queso de untar a las finas hierbas, unas vieiras con gambas gratinadas (generalmente esta tapa la he visto en otros sitios pero con una concha bastante grande, sin embargo en este bar la concha era de un tamaño mas mediano pero de un gran sabor), unas gambas sobre calabacín y unos solomillos de cerdo al foie con boletus.

Solomillo de cerdo sobre queso de untar a las finas hierbas

Gamba pelada sobre calabacín

Vieira gratinada
Y finalmente el plato fuerte fueron unas chuletas de cabrito al ajillo que se deshacían de lo tiernas que estaban, por desgracía ni la foto ni la presentación hacen honor al buen sabor que tenían.

Cerveza y vino jumillano

Chuletas de cabrito al ajillo
Para acabar y tras todos estos platos de comida pasamos al postre que fueron unos trozos de tarta de queso caseros y que a diferencia de la tarta de queso normal, no llevaban ni mermelada ni galleta.
Lo mejor de todo fue el precio ya que salimos a 18€ por cabeza a pesar de que después del postre hubo gente que tomó cafe, otros tomaron unas copas de Cacique con Coca-Cola y algunos pedimos unas copas de crema de Orujo con un hielo.
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